magia

Blog

Bongó

Cuando eso tú y yo ni nos imaginábamos que existíamos. Y tú no soñabas con un bongó, soñabas otras cosas. Eran otros tiempos, la magia estaba condensada en el núcleo de la Tierra y no podías respirarla en cada bocanada como ahora, no se te había quedado adherida a la tráquea y los pulmones para acceder a ella dentro tuyo siempre que la necesites.

El latido de tu corazón sonaba fuerte, pero tus oídos aún no habían adquirido la agudeza para escuchar su música. La luna menguante parecía reírse de un chiste que nadie más podía entender y el mar se te enredaba entre los dedos de los pies sin conseguir hacerte cosquillas siquiera.

Aquello no era vida, era algo distinto. Una forma de estar, sin ser. Un modo de ocupar el espacio al borde del tiempo, la torpeza de plantar un pie delante del otro como quien cree que una veleta gobierna la dirección del viento. Era subsistir, no más.

Andábamos sin percatarnos de que éramos ciegos hasta el momento en que nos sostuvimos la mirada, hasta que entre tus ojos y los míos se elevó este puente. Entonces fue fácil comprender que nuestros caminos estaban entrelazados desde antes, mucho antes. Esta historia viene trenzándose desde otras vidas, desde la vez que éramos un par de abejas decantando miel sobre las lenguas o desde cuando éramos juglares tañendo la cítara y el laúd.

Pero nos miramos, y a partir de ese instante no pudimos dejar de escuchar la melodía. Dentro de nuestro pecho palpitaba un tambor. Danzábamos como poseídos por el ritmo de esos latidos y de pronto se nos hizo evidente que cuando la luna nos miraba, se reía de nosotros.

Blog

Creo en la literatura como muchos creen en Dios

Creo en la literatura como muchos creen en Dios. Creo que la palabra es hacedora de milagros, que en ella reposa un poder creador y destructor inmensurables. Creo en el rito de escribir, de dejarse seducir por las palabras perfectas, de escoger estremecer sobre vibrar; o hacer añicos sobre destrozar. Escribir no impide que la muerte nos disuelva los pasos, pero sí le prohíbe borrar nuestras huellas.

Creo en el éxtasis que provoca encontrarse en los textos de otros autores. Creo en la dulzura de saber que desde antes de Romeo y Julieta ya se había escrito sobre amor y soledad, que nuestros males son los mismos males desde que el hombre es hombre y posó sus pies sobre la Tierra. Sé que las letras son capaces de colocar a cualquiera frente a su propia alma porque hay palabras que son criaturas de luz, y hay otras endemoniadas… como también las hay dulces, transparentes, devastadoras, cargadas de magia.

Creo en el encanto de los libreros, suelo entrar a una librería como se entra a un lugar sagrado, con la voz queda y la cabeza gacha. Adoro el peso de un libro sobre mi pecho, cargar con un pequeño universo paralelo en el fondo de la cartera y perderme en él cada vez que la tristeza me muerde el cuello, la realidad me rasguña la espalda, o la nostalgia me sopla al oído.

Creo en el perfume que emana de los libros, en la estela que dibuja mi tacto cuando acaricio la portada, en el aleteo de sus páginas amarillas, en la danza de mis pupilas mientras llenan sus símbolos de significado. Igual sé que veintiséis letras y un puñado de signos no dan abasto para describir tantos abismos: el infinito que hay si abrimos los ojos, y el infinito que enfrentamos si los cerramos.

También creo que existe gente traslúcida que llega al mundo todavía más desnuda, completamente desarmada. Seres que emanan del vientre con el alma precipitándose por los ojos, sin llegar a ocupar del todo su lugar dentro del cuerpo. Tienes que creerme porque yo he nacido así, lo juro, con ese defecto de fábrica. Y cuando esta alma tiembla de frío, solo la abrigan las palabras.

Blog

Vaivén

Creo en la magia del primer día del año. Me gusta respirar el mismo aire de siempre, pero sentirlo distinto.

El mundo sigue igual, sin embargo, la luz bajo cual lo miro cambia y lo transmuta. Me entusiasma ver el futuro a los ojos, no tener miedo. Saber que esto es un vaivén, que todo empieza, todo acaba, todo nos suelta y nos deja seguir.

Adoro la idea de recomenzar,
de engavetar el pasado y dejar que se lo coman las polillas.