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De mi primer recuerdo y otros motivos para odiar a los payasos

Ni siquiera estoy segura de que esto haya sucedido en verdad, pero en mi primer recuerdo estoy vestida de payaso. Tengo la nariz pintada con pintalabios rojo y ese olor me molesta. La ropa es suave, el pantalón azul marino con lunares blancos me aprieta en los tobillos.

Es el día de carnaval, y yo quiero que me disfracen como a mi hermano. Pero nadie entendió que el punto de que me disfrazaran era que yo también quería ir, maldita sea. Él es mi hermano: duermo con él, juego con él, ¿por qué no me irían a llevar al carnaval del colegio con él? Porque él sí está lo suficientemente grande para ir al colegio, y yo no. Por eso, tonta pequeñita mí misma, por eso.

Entonces, naturalmente, me dejan; y yo los veo alejarse en el carro desde la marquesina mientras mi frustración aumenta. Mi hermano me mira por la ventanilla con sus ojos inmensos que fueron menguando a la distancia, en tanto yo lloraba, inconsolable, como el peor de los payasos.

Una vez le conté esta historia a mi mamá, pero ella me dijo que no lo recordaba y que ella no es tan cruel para desilusionarme así. Sin embargo, yo creo que sí pasó, lo recuerdo con demasiada nitidez como para que ahora venga a ser un invento mío.

El pedacito que no entiendo es por qué un berrinche insignificante se fue a quedar tan grabado en mi memoria…

A lo mejor porque me forzó a entender que a veces tengo que hacer mi propio carnaval, que la vida no siempre me va a llevar adonde quiero, que está bien negarme a reír cuando no entendí el chiste, que puedo rehusarme a hacer el payaso aunque el mundo insista en ponerme el disfraz.

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Esto comencé a escribirlo en el dorso de una factura del supermercado

Continuaré escribiendo a pesar de que mis palabras sean débiles, aunque mueran en el intento de tocarte, aun si sus vagos significados no alcancen a perpetuar el alma de todas las cosas. Mientras tanto seguiré sembrando mi impaciencia para cultivar el arte de mantener la calma. Trataré de ir entendiendo, de a poquito, que el tiempo va a pasar al mismo ritmo aunque desesperada por apurarlo empiece a halarlo por los moños.

El invierno dura exactamente lo que dura el invierno, y a la primavera le vale mierda quién se esté muriendo de frío.

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Nómada

“When I am with you, there is nowhere else I’d rather be.
And I am a person who always wants to be somewhere else.”

 

Sin importar qué tan feliz me encuentre, conservo la certeza de que lo mejor todavía está por llegar. Para mí, el pasto siempre es más verde al otro lado y el paraíso está constantemente a un paso de distancia, eternamente deslizándose bajo las yemas de mis dedos. Entonces permanezco en movimiento, sin descanso, intentando acercarme a algún lado por el placer de alejarme de donde estoy.

No recuerdo cuándo fue la última vez que estuve en un sitio del cual no quisiera irme. Deseo ir a todas partes, sin quedarme en ninguna. Me encantaría encontrar un lugar al que pueda llamar mio, pero cuando me hablan de quedarme para siempre, la palabra «siempre» se me hace tan inmensa que siento que no cabemos las dos.

Entonces emprendo la huida, y de tanto buscar me olvidé de lo que busco, y me pregunto cuántas malditas veces tendré que perderme para poder, finalmente, encontrarme. Me temo que esta enfermedad no tiene cura: dicen que quien no es feliz en donde está, no podrá ser feliz adonde vaya ¿Qué tal si a lo mejor sucede que no pertenezco a ningún lado?

(¿Sabes? Una vez pensé haber encontrado mi hogar en su mirada… pero me aterrorizó la idea de dejar de existir cuando él cerrara los ojos. No puedes convertir a una persona en tu casa, me dije hasta creérmelo.)

Se me hace difícil evitar cuestionarme si acaso estas alas con las que me creo tan libre están realmente atándome al cielo.

Sé que suena triste, pero no lo es.

Tan solo a veces.

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Desdibujándote

No eres tú, soy yo. Es mi maldita costumbre de apostarlo todo a causas perdidas, de abrazar sueños, de construir castillos en el puto aire, de empecinarme en querer las cosas cuando están fuera de mi alcance, de armarme de valor para saltar cuando ya no vale la pena, de apreciar la belleza cuando está desdibujándose.

Me ha pasado tantas veces ya… conservé las cartas tan pegadas a mi pecho, que dejé pasar mi turno en la jugada.

Siempre me dejo llevar, por eso raras veces llego adonde quiero.

Lo que quisiera decir, lo que estoy intentando decir es que esta soy yo, tratando de hacer que te quedes.

Probablemente en vano.

Tarde.

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Vaivén

Creo en la magia del primer día del año. Me gusta respirar el mismo aire de siempre, pero sentirlo distinto.

El mundo sigue igual, sin embargo, la luz bajo cual lo miro cambia y lo transmuta. Me entusiasma ver el futuro a los ojos, no tener miedo. Saber que esto es un vaivén, que todo empieza, todo acaba, todo nos suelta y nos deja seguir.

Adoro la idea de recomenzar,
de engavetar el pasado y dejar que se lo coman las polillas.