Caribeña

Se ao te conhecer, dei pra sonhar, fiz tantos desvarios
Rompi com o mundo, queimei meus navios
Me diz pra onde é que inda posso ir?

(Eu te amo — Chico Buarque)

 

Mejor ni te atrevas. Puedes jurar que es incapaz de alcanzarte, que has escapado de ese sol ardiente lacerándote la cara. También puedes, si te lo propones, secarte el sudor pegajoso de la frente. Puedes llegar allá donde el mismísimo diablo botó la chancleta, huir tan lejos como te lo permitan tus fuerzas y seguir corriendo aún más todavía.

Inténtalo si quieres, pero quedas advertido: El Caribe no te deja nunca. No le queda otro remedio, no puede. Está tan atado a tus pies como tu sombra.

Así es que no es casual que mi piel tenga sabor a mar, ni que mi pelo se quede enredado como olas en tu barba. Si mi tacto te quema como el sol del trópico, mis besos son dulces como fruta madura, mis caricias se derraman como lluvia de huracán sobre tu espalda y te miro con las pupilas llenas de atardeceres… no es culpa mía. Vengo de una isla llena de supersticiones, de historias mágicas y brujería que me persiguen adonde vaya.

El Caribe no te deja nunca.

Yo no pienso dejarte tampoco.

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