A un centímetro sobre el suelo

Hay mañanas en las que el sol no logra despabilarme. Mi cuerpo anda por ahí tomando café y dando los buenos días, cumpliendo con mis responsabilidades laborales, asintiendo a lo que me dicen, sonriendo como si me importara un carajo. Sin embargo, la gente no se da cuenta de que aún sigo dormida. Ninguno se fija, para mi asombro, en que hay un grupo de duendes danzando sobre mi cabeza y deslizándose por mi cara usando mi nariz como tobogán.

Camino a exactamente un centímetro sobre el suelo, abriéndome paso entre la multitud, y nadie lo nota. Juran que estoy aquí con ellos, podrían meter su mano en el fuego afirmando que ya no duermo tan solo porque mis ojos están abiertos.

Sé que estoy soñando, estoy segura: hay una medusa que flota a mi lado y me sigue a todas partes; cada vocablo que escapa de mi boca se queda pendido de mis labios, cada letra conectada a la otra por un fino hilo de luz; desde mi garganta hasta tus oídos se han hilvanado un montón de palabras que miro y olvido, y vuelvo a mirar.

Mis manos están manchadas con la fluorescente arena de la luna. Con estas manos toco tu cara y ahora la luna brilla en tu piel. Eres la luna. De pronto mis brazos se extienden hacia ti pero esta vez no logran alcanzarte. Permaneces suspendido en el cielo nocturno cual péndulo sidéreo.

Mientras yo camino dormida, fingiendo que desperté.

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  1. Me ha encantado 🙂
    ¡Saludos Nadia!

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